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julio 31, 2021
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Merecida premiación a poetas, que no debe faltar

La popularidad y el contexto de la vida que afronta el poeta, escritor o artista, particularmente el de la palabra, aún de las demás manifestaciones artísticas del espíritu humano, deben ser siempre premiados, o por menos mencionados. La triste realidad en nuestro país es que, para este tipo de acciones, por más sobresalientes que sean, no hay solvencia económica, moral, ni “dinero” destinado para acciones culturales y espirituales o porque el “Estado” no cuenta con las garantías necesarias en este rubro y simplemente atiende otros menesteres. Finalmente, no hay planificación, organización, ni presupuestos destinados a regular el trabajo realizado en los campos de las manifestaciones artísticas de cuantos son los autores; pese a todo ello, algunas instituciones públicas y privadas, en su afán de proyectarse ante la comunidad o cuando son importantes para el ejemplo dentro de su comunidad, dejando de lado criterios egoístas y menosprecio, destinan escasamente algunos esfuerzos para efectuar reconocimientos, aunque no en dinero, pero sí con el objetivo de alentar la creación artística y, en el presente caso, la literatura desarrollada por sus autores en afanes del engrandecimiento de la tierra o el lugar de nacimiento, tomando en cuenta que es preciso reconocerlos y por tanto premiarlos, pues solamente así -como lo hemos comprobado en persona- podemos continuar activando labores en la creación y publicación de obras. Por ello, concebimos que: “los reconocimientos, si los hay, deben hacerse mientras un autor está en vida”. Sin embargo, en Perú, y particularmente en Puno, ya nos hemos acostumbrado a efectuar los reconocimientos cuando el intelectual y la persona común ha dejado de existir; por tanto, las loas son a menudo por parte “dizque” “amigos”, quienes no dejan de decir que “la persona fue buena”, “es merecida su obra”, “nos ha dejado muy buenas cosas”, etc. etc. A lo mismo denominamos “reconocimiento necrofílico”, derivado de necrofilia, cuyo significado es latente en su aplicación por parte de quienes lo hacen cuando el artista solo descansa en paz.

Para el caso de nuestro dilecto amigo Q.E.P.D., Efraín Miranda Luján (1925-2015), cuando todavía en vida, contadas instituciones y autoridades le ofrecieron sendos homenajes, teniendo en cuenta su fructífera labor poética, no como “indio” como él mismo se decía, sino como hombre, poeta y maestro, educador y tratándose del uso de lenguas aborígenes (yachacheq, traducido al español, “Profesor”) y no como se quiere hacer aparecer, “Amauta”, que en lenguas aborígenes tiene otro significado (el de sabio Andino); los homenajes, decíamos, no llegaron a él.

En nuestra apreciación, las acciones culturales y de sobresaliente presencia en la ciudad chirihuana de Huancané, de cuyas actividades culturales hemos estado muy de cerca en varias ocasiones y ahora gracias a la activa labor del distinguido promotor cultural y poeta Fernando Chuquipiunta Machaca, nuestro amigo de las letras, por sus gestiones realizadas ante la dirección del Instituto Superior Público de Huancané, en una ceremonia sin precedentes para el desarrollo de la educación y cultura en el cultivo de las letras huancaneñas, dos escritores de renombre regional y nacional: José Ayala Olazábal y Leoncio Luque Ccota, este último Premio COPE-2014, en su estadía en aquella ciudad, de haber presentado interesantes trabajos poéticos, recibieron sus reconocimientos merecidamente, por su labor en beneficio del cultivo de la literatura, quienes por más que en sus trabajos no mencionen el vocablo Huancané, este se encuentra presente junto con el mismo nombre de cada uno, de haber nacido en tan bello lugar y de grata inspiración; para nosotros la tierra y el pueblo no son otra cosa que la misma “musa” iluminando el torrente poético de grandes y mejores poetas y escritores parangonados con los de Europa y la propia Grecia y Roma; y en el presente caso de Huancané, la Wiphala (traducido del Quechua-Aymara, como bandera), el Cristo venerado con gran unción en las “fiestas de la cruz” de mayo, luego esa porción del Lago Sagrado de los Incas que baña las costas de esa tierra de chiriwanos, wancas y “matacuras”, aún el ecosistema natural y artístico con que cuenta, han quedado como gratas leyendas de inspiración en el desenvolvimiento histórico y cultural de aquella “pachamama” fructífera no carente de riquezas y de hombres y mujeres denotando amor, cariño y presagios de encontrar identidad cultural, acaso extraviada por imposición de patrones culturales ajenos, vienen siendo soslayados, primando lo auténticamente pueblerino, nacionalista y peruanísimo.

A dicho merecido homenaje, se ha sumado hasta allí la Municipalidad Provincial de San Román; por cierto, en ocasión del Día del Poeta Peruano, el pasado año 2015, tenía reservado un reconocimiento, esta vez se hizo realidad y qué mejor recibiéndolos en su propia tierra natal, en las lindes del ámbito terrígena, bañados de bagaje cultural chiriwano, qolla, puneño y peruano.

Fuente: LosAndes

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