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junio 12, 2021
Candelaria

La virgen de la Candelaria en el cerebro y manos de dos extraordinarios maestros

Escribe: Sonia René Molina Cábala

Nadie como una madre para entender a los hijos, nada como la tierra para sustentarlos, y nada como la esperanza para resucitar muertos. Para los lectores, indicaré que la Virgen de la Candela o Virgen de la Candelaria, viene a ser lo mismo en términos de significado. Y que, en el diccionario, “candela” significa fuego.
Y en torno a ello, es preciso revisar un par de imágenes con este apelativo, pues ahora que la UNESCO ha decretado que la FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA en Puno es PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD, debemos conocer algunos entretelones de esta veneración.
En este caso nos ocuparemos de dos maestros del arte universal, que enfocaron la imagen de la Virgen de la Candelaria en diferentes contextos, épocas y visiones del mundo: El sacerdote jesuita Bernardo Bitti y el artista plástico José Luis Barriga, de cuyas manos salieron rutilantes imágenes de la Virgen. A ambos los separan más de trescientos setenta años, por lo que sus respectivas visiones de la Virgen, en sus obras, son diferentes.
La Virgen de la Candelaria que hizo Bitti (entre los años 1575-1583). Es posiblemente la más antigua de las vírgenes de la Candelaria: imagen etérea de una virgen europea, joven con características raciales muy marcadas: Cuello largo, tez blanca, elevada estatura, cuerpo delgado y actitud totalmente mística, que se podría decir totalmente etérea; y, finalmente, con cabellos claros tirando a rojizos. Ella carga con sus dos brazos a un niño desnudo, que mira el mundo que tiene delante con seguridad y fijeza. La talla de la virgen es muy elevada respecto a los cánones clásicos, pues supera los siete tamaños de cabeza, que debiera tener su altura total. Su postura es de reverencia al hijo, acompañada de un ligero rictus de tristeza en el rostro. El niño tiene cabellos ondulados, rojizos y cortos. El aura de la virgen rodea su cuerpo totalmente y es naranja amarillento, y está inscrito en un marco negro, que seguramente simboliza la noche oscura que rodea el mundo y la incertidumbre que acompañó a los primeros evangelizadores en América del sur. La Virgen mira hacia arriba, como si estuviera resignada del futuro que aguarda al niño.
La imagen emana gran fuerza mística, y se halla iluminada por dos querubines desnudos, con sus velas en lo alto, que llevan un retazo de tela suelta, que presumo servirán para cubrir al pequeño. En la parte inferior derecha se ve a un ángel sobriamente vestido. A la izquierda inferior, está el autor –el joven jesuita Bitti–. En suma: Prima la Virgen, que impone su postura de madre, elegida para cobijar a un hijo destinado a sacrificio expiatorio.
Otro aspecto muy revelador, es que esta virgen de Bitti no tiene ningún tipo de joyas, es decir, está signada por la más cruda pobreza.
En cambio, nuestro brillante artista plástico José Luis Barriga (Puno, Perú 1961) capta la visión sincrética de nuestros antepasados, que se vieron forzados a adoptar nuevos dioses, cambiando la forma alargada de la virgen, insertándola luego en un triángulo equilátero, similar a un “Apu”.
La misma virgen, pero de menor altura (una virgen que iluminaba la terrible oscuridad de las minas), y que lleva a la derecha un candelero que parece una matraca. Es una Virgen de rostro redondo y cetrino; tiene una mirada hacia abajo con cierta expresión displicente y apenada. Tiene cuello corto, cabellera abundante, densa y negra, lo mismo que el niño.
El niño pone sus deditos en posición de bendecir y con la otra mano coge el mundo. Su mirada es seria y confiada. El fondo del personaje central es claro: celeste y blanco esfumado, alusivo tal vez a nuestra bandera y a nuestro lago, y al cielo abierto y despejado, que tenemos casi todos los días del año.
La gran diferencia con la virgen de Bitti es que la virgen y el niño americano llevan coronas de oro y piedras preciosas, más grandes que sus cabezas. La virgen mira hacia abajo, en la mano derecha lleva además una especie de balanza o dos canastitas (¿o vasos?) repletos de lana (¿o espuma?). También posee una aureola en que figuran estrellas y querubines.
Hacia la izquierda y formando su manto, se encuentran danzarines de trajes de luces; y en el lado derecho, a la altura del corazón, se halla un “Kusillo” (¿Boris Espezúa?).
Acá sí está bien clavada, a los pies de la Virgen, la media luna plateada, tachonada de cabezas de caporales y calaveras con corona. Más abajo, cabezas de diablos con sus respectivos cuernos, con fondo negruzco, intercalados entre calaveras.
En suma, La más antigua, del MAESTRO JESUITA BITTI (1575-1583), y la más reciente, de JOSÉ LUIS BARRIGA (2015), llevan en sí un cúmulo de significados, creencias, habilidades, capacidades y aspiraciones de pobladores del mundo, y de diversas latitudes y épocas.
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