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Junio 1, 2020
Candelaria Puno

La fiesta de la Virgen de la Candelaria desde tiempos prehispánicos

Por: José Morales Serruto

Posiblemente, al observar la honda y arraigada devoción a la Pachamama, considerada por los naturales como la única madre protectora y creadora de la humanidad, es que en 1580 se manda a traer la imagen de la Madre de Cristo bajo la advocación de “Santísima María de la Purificación”, conocida como la Virgen de la Candelaria, que llegó a reemplazar a lo conocido.

Los que han seguido los rastros históricos de este sincretismo religioso católico andino, ya en la segunda mitad del siglo pasado, escribieron:

Raphael Girard, en su obra “Historia de las Civilizaciones Antiguas de América”, dice: Que la Virgen ha sido adoptada por los aymaras en representación de la Diosa Madre (Pachamama)

L. Soria Lenz indica: “…De nuevo encontramos, es este caso el sincretismo de entre una fiesta de raigambre indígena y del calendario cristiano, que coincide aproximadamente con aquella. Los carnavales que corresponde al mes aymara llamado ANATA el mes de los juegos entre mitades que corría del 16 de febrero al 17 de Marzo”

El R. P. Rubén Vargas Ugarte, en su obra “Historia del Culto de la Magia en Iberoamérica” dice, que “…Desde el 2 de febrero de 1583 en que se asentó sus reales en el pueblo la Virgen de la Candelaria, comenzó la conversión definitiva de todo el Collao y la forma de sus milagros hizo que la influencia se extendiera aún en las comarcas más distantes…

Los primeros animadores de la fiesta de la Virgen de la Candelaria en Puno

De lo que se conoce hasta hoy, los más añejos devotos de la Virgen de la Candelaria, son los sicuris del barrio Mañazo, que según el antropólogo Mario Núñez Mendiguri (…) de este Barrio su existencia data desde el siglo XVII. Al descubrirse las minas de Laykakota el 1ro de Mayo de 1657 los indios y mestizos de este barrio estaban dedicados al comercio de ganado y carnes, y fueron los principales abastecedores de este producto a los mineros.

Mas tarde los mañazo asumió e hizo suyo la conservación festiva de la Candelaria, pese a que las autoridades municipales hasta 1956 prohibían el ingreso de danzantes rurales a Puno aplicándoles multas y otras medidas represivas(…).

Más tarde, un 20 de enero de 1909 nació el Conjunto de Sicuris Arco Blanco, que estaba integrado por vendedores, mercachifles, tocuyeros, panificadores cuyas actividades comerciales las realizaban en el mercado de abastos de Puno hasta el año de 1921, para luego denominarse “Juventud Obrera”.

Desde cuándo se celebra la octava

Cuenta la leyenda que en 1781 los lugartenientes de Túpac Amaru II cercaron la ciudad de Puno, y a punto de tomarla desistieron de su propósito por milagro de la Madre de Cristo.

Similar hecho nos remonta a 1884, tiempo de guerra con Chile, se atribuye un nuevo milagro a la Virgen de la Candelaria.

Se cuenta que: Cuando el ejército chileno ocupó gran parte de nuestro país, luego de ser derrotados en los combates de Marcavalle y Pucará por el ejército peruano, fueron desalojados de nuestra patria, derrotados iniciaron el obligado repliegue hacia su territorio, luego de una tormentosa caminata llegaron a Puno el 2 de febrero de ese año.

Cuando las autoridades y devotos celebraban la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. Concluida la celebración eucarística en su honor, pasearon a la patrona por las calles y la plaza San Juan (hoy Parque Pino) en solemne procesión y como es de rigor iniciaron la fiesta. Cuando plácidamente departían de bebidas, música y danzas, en el Colegio San Carlos autoridades, devotos y población en general. Al comenzar la tarde, la voz alarmante de un campesino muy agitado y asustado anuncia a voz en cuello en la plazuela la ingrata noticia que el ejército chileno se aproximaba a la ciudad y se encontraban en las proximidades de Huaraya. Escuchado ello los asistentes a las celebraciones, como alma que lleva el diablo abandonaron la plaza que en un santiamén quedó desierta, todos habían desaparecido. Incluso autoridades.

Solo y desconcertado quedó el cura de la ciudad, repuesto de la sorpresa, sin pérdida de tiempo se encargó de guardar los documentos más importantes de la iglesia y joyas del templo de San Juan y la catedral, para que los chilenos no la saquearan, cumplido su objetivo, ya calmado y sereno, salió al encuentro de los militares chilenos.

la tropa chilena ocupó sin pérdida de tiempo las instalaciones del Colegio Nacional San Carlos. Antes de retirarse el párroco, el militar chileno le hizo saber que su tropa no bebía leche desde hacía mucho tiempo, por tanto, ordenaba al cura proporcionarle la suficiente cantidad de leche para ellos, el valiente cura muy diligente aceptó tal petición y se puso muy contento a acopiar el lácteo.

Precisamente en esa temporada, los puneños sufrían una epidemia de viruela, y para calmar sus agobiantes malestares y prevenir algunas marcas de este mal, las madres bañaban a sus hijos con leche.

El obediente cura casa por casa empezó a recolectar en diferentes envases la leche con la que habían bañado a sus enfermos, para luego entregarlo al soberbio coronel chileno, quién muy agradecido distribuyó a su tropa el tan ansiado líquido para saciar sed y hambre de sus cansados soldados.

Como consecuencia lógica a los tres días la leche hacía su letal efecto, las víctimas empezaron a mostrar presencia de fiebre, al cuarto día cobraba sus primeras víctimas y el número de soldados se restó solo a cincuenta hombres, desesperados y despavoridos abandonaron la ciudad, dicen que en la madrugada del diez de febrero, coincidentemente al octavo día de la fiesta de la Virgen de la Candelaria, el ejército chileno abandonaba la ciudad de Puno diezmados y derrotados sin haberse escuchado un solo disparo de bala de ningún lado.

Apenas abandonaron la ciudad los pocos soldados chilenos, las autoridades y el pueblo aparecieron nuevamente como por Arte de magia y colmaron nuevamente las calles y la plazoleta de “San Juan Bautista”, para bailar y pasear nuevamente a la Virgen de la Candelaria en multitudinaria procesión de gratitud por la gracia concedida a sus devotos. El haber derrotado a los chilenos sin una sola baja peruana y sin haberse escuchado el disparo de ni una sola bala.

El curita héroe de esta batalla ordenó que la fiesta se reiniciará de nuevo, y según nuestros abuelos desde esa fecha se celebra con mucha fe religiosa “La Octava de la Fiesta de la Virgen de la Candelaria” en Puno.

Lo que sigue ya es historia conocida.

Fuente: Los Andes

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