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Julio 19, 2019
Cultural Puno

Las lenguas de los incas

Reseña: Alan Ever Mamani Mamani

“Las lenguas de los incas” es uno de los textos del especialista en lenguas andinas Rodolfo Cerrón Palomino, publicado en el año 2013, por la editorial PL Academic Research. El texto reúne 14 ensayos de carácter idiomático por los que pasaron los incas, en el orden siguiente: puquina, aimara y quechua. Por el año 1575, el propio virrey Toledo, en una ordenanza emitida, hace mención a la existencia de tres lenguas generales, estas serían las antes mencionadas. El puquina, lengua desde la segunda mitad del siglo XIX fue extinguida, sin presentar mayor registro documental propiamente lingüístico. Sin embargo, por la información colonial de los siglos XVI y XVII, y la toponimia, se logró trazar su área geográfica. El punto inicial de esta lengua fue la cuenca del Lago Titicaca, la vertiente occidental de los Andes, llegando hasta Arequipa, Arica e Iquique y por la vertiente oriental hasta el antiguo territorio Charcas colonial (Sucre y Potosí).

Se dice que los incas tuvieron dos lenguas: la cortesana o general, y la particular. El Inca Garcilazo de la Vega, J. J. Von Tschudi y Martín de Murúa hablan sobre la existencia de esta lengua secreta. En el “cantar del Inca Yupanqui”, Garcilazo dice que los incas “tuvieron otra lengua particular”, lo mismo afirmaría el historiador Cobo, pero hablando de una lengua “distinta”. El material al que alude Garcilazo consiste en un grupo de voces, que en su mayor parte serían antropónimos y topónimos. Sobre la lengua secreta, hubo muchas afirmaciones: algunos declaraban su filiación quechua, otros  aimara y otro de la lengua callahuaya. La hipótesis de Cerrón sostiene que su origen sería quechua en unos casos, aimara en otros, asignando a la vez una tercera entidad, que vendría a ser el puquina.

Los capítulos faltantes de la “Suma y narración de los Incas” de Juan Díez de Betanzos, encontrados posteriormente, brindaron información de importancia por los breves transcritos en quechua. Dicho cantar refiere el cronista que habría sido mandado a componer por Pachacutiy para celebrar su victoria sobre los soras, tras haber doblegado a los Chancas y Lucanas. En la versión de Szmiñski, la lengua en que supuestamente venía cifrado habría sido el puquina; para Alfredo Torero, habría sido el aimara. Cerrón, al analizar verso por verso, indica que los incas, a lo largo de su historia, habían efectuado dos mudanzas idiomáticas; primero, reemplazarían su puquina por el aimara, y luego por el quechua, de procedencia chinchaysuyana. Concluyendo así que la lengua secreta de los incas vendría a ser el puquina.

Portada del libro de Rodolfo Cerrón Palomino
Portada del libro de Rodolfo Cerrón Palomino

En prueba de ello, Cerrón muestra indicios de evidencias lingüísticas, mito-históricas y de la arqueología andina. Como se sabe, los mitos de origen de los incas y de su marcha en dirección al Cuzco, considerando el Lago Titicaca como el punto inicial de partida. El análisis del Corpus garcilasiano de la lengua particular, era de uso exclusivo de los miembros de la realeza cusqueña y de las palabras de rasgo señorial, como: Capac e Iqui, y el vocablo Contiti. El corpus léxico consistía en una quincena de antropónimos, referido a la nomenclatura de los linajes y cinco topónimos y una designación común. Sin embargo, solo cuatro han probado ser de origen quechua. Tres han sido atribuibles al aimara. Asimismo, se reconoce dos híbridos, de estructura quechua-puquina. El resto de las designaciones, que ascienden a diez, son asignables a la lengua colla-puquina.

Por otra parte, el texto hace referencia a la lengua aimara, sobre su origen que habría sido el centro-andino. La costa centro-sureña peruana era el foco inicial del proto-aimara, las actuales provincias de Cañete (Lima) y Nazca (Ica) y sus adyacentes serranas, por el norte, Yauyos, Huarochirí y Canta. Este se habría difundido en dos direcciones y diferentes etapas, en forma de Proto Aimara Sureño (PAS). La primera, coincidente con la fase expansiva de Huari (s. VI), en dirección noreste, sobre territorio ocupado por el Proto Quechua (PQ) central, en la segunda etapa coincide con el máximo apogeo de Huari (s. VII-X), intensificado su presencia en el norte “aimarizando” al PQI, por el sureste, llegando hasta Cuzco, Arequipa y entrando en contacto con el puquina. La tercera y última expansión, en forma de proto-aimara, se expande por el antiguo territorio de los aimaraes (cuenca alto del río Pachachaca, Apurímac), luego se había proyectado hacia el altiplano, tras la declinación de Huari. Así se logró la aimarización de los collas-puquinas y se interrumpió el proceso de puquinización de los pueblos de habla uru-chipaya.

La región del Cuzco fue cubierta por el aimara, lengua que habría precedido al quechua en su expansión en dirección del sureste andino. Los traductores del III Concilio Limense nos hablan de los “aymaraes del Cuzco” así como el empleo de una lengua oficial por parte de los incas, por lo menos hasta el siglo XV. Igualmente, el vocabulario de González Holguín, que en su repositorio léxico del quechua cuzqueño colonial, da algunas voces de indudable procedencia aimara. Buena parte de los nombres del área cuzqueño, pues, aluden de una procedencia aimara, y otras de origen quechua, existiendo un bilingüismo generalizado aimara-quechua. En tanto, la lengua de la administración incaica habría sido la aimara y no el quechua, por lo menos hasta el gobierno de  Pachacutiy Inca Yupanqui.

El texto también da referencia de la lengua quechua. El pre-Proto-Quechua (pre-PQ) habría tenido como asiento originario la sierra centro-norteña peruana, ocupando un espacio coincidente con lo que abarca el quechua central actual, que se localiza en los departamentos de Ancash, Huánuco, Pasco, Junín y sierra norte de Lima. Esta lengua inicial fue asociada (en su estadio de pre-PQ) con la fase primordial de la cultura Chavín. Uhle dice el quechua se habría moldeado dentro de las estructuras del aimara en algún momento de su evolución protohistórica. Para ello, Adelaar propone la sierra centro-norteña como el escenario en el que se habría producido dicho fenómeno, en el Periodo Formativo. El Proto Quechua (PQ) se había proyectado hacia la costa centro-sureña, donde más tarde se configura como Quechua II, por la permanencia en la geografía violenta y accidentada, también se había configurado como Quechua I. De la misma forma, se asevera, el origen chinchano del quechua sureño, impulsado por los chinchas y chancas; ello traería como consecuencia el desplazamiento del aimara. Tras el colapso de Huari, Pedro de Quiroga y Juan de Betanzos corroboran este origen.

En conclusión, es un libro que destapa los mitos y las afirmaciones antojadizas que se venían sosteniendo sobre el origen de las lenguas andinas, las toponimias y antroponimias. Así deja constar el análisis minucioso presentado por el autor desde su formación transdiciplinaria en filología, lingüística e historia.

Fuente: Los Andes

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