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Puno

Todos los Santos: costumbre ancestral se resiste a ser desplazada por otras culturas

Una de las costumbres más arraigadas en el mundo andino, y con una especial peculiaridad en el altiplano puneño, es la fiesta de todos los santos y los fieles difuntos. Sus orígenes se remontan a tiempos prehispánicos en los que hubo un fuerte culto a los muertos, y con el tiempo se incorporaron elementos coloniales. Hoy en día forma parte de nuestra identidad, por más que otras culturas occidentales tratan de imponerse, especialmente en la Juventud.

Zenaida Zea Olivera

En el altiplano puneño, los dos primeros días de noviembre están dedicados a nuestros difuntos. La conmemoración de Todos Santos, goza de un gran realce que mueve a toda una cadena productiva desde la elaboración de las tradicionales Tantawawas, galletas, coronas, entre otros elementos.

No obstante, para la iglesia católica es importante saber diferenciar entre  el primero de noviembre, que es una solemnidad establecida por el Papa Gregorio III (731-741 d.C.). Mientras que el día 2, se rememora a los muertos que han superado el purgatorio y han sido santificados.

Orígenes

Según el historiador e investigador René Calsín Anco, esta es una costumbre combinada, entre las prácticas ancestrales y elementos que se agregaron con la llegada de la colonia. Se sabía que ésta se conmemoraba los primeros días de noviembre aunque no se precisaba la fecha, pero luego estas tradiciones fueron acomodadas al calendario gregoriano.

Desde nuestros antepasados, incluso antes de la cultura inca, hubo un fuerte culto a los muertos, incluso construyéndose recintos exclusivamente para ellos. Prueba de ello son algunos fardos funerarios como las chullpas de Sillustani, edificadas de acuerdo a la jerarquía qolla.

Estas prácticas se dieron predominantemente en los reinos aymara y qolla, de Puno hacia Juliaca;  y en la cultura lupaca, desde la Ciudad Lacustre a Desaguadero, compartido en parte con el altiplano boliviano.

La tómbola

Un elemento muy peculiar de esta conmemoración, es el armado de tómbolas, que son más altares cubiertos con tela negra dedicados a nuestros seres queridos que partieron de este mundo terrenal. Si bien las Tantawawas son un elemento que comparten varias regiones andinas del país, solo en Puno y en gran parte de la cuenca del Titicaca, se monta este sagrario.

Además de las Tantawawas¸ se colocan panes de otras formas que tienen una simbología específica, y que son infaltables en este altar. Por ejemplo, están las palomas, que simbolizan el espíritu santo; la cruz, que representa a Jesucristo; la escalera, es el medio por el que los Ajayus (alma, en aimara) descienden del mundo de los muertos.

Asimismo, se encuentran la llama, que es el medio de transporte para las almas; el caballo, encargado de llevar las ofrendas y el bizcochuelo rectangular, que simboliza el ataúd del difunto. Adicionalmente, se colocan flores, agua bendita, frutas, dulces, y demás comidas que eran del deleite de nuestro ser querido en vida.

Ceremonias

Previo a la preparación del altar, los deudos deben limpiar el nicho de los difuntos para darles un digno recibimiento. La tómbola debe estar lista para el mediodía con la foto del homenajeado y velas blancas encendidas, puesto que según las creencias, las almas llegan en ese momento para degustar del banquete ofrendado en su honor.

En el transcurso de la tarde, familiares, amigos y conocidos visitan la casa, que deberá estar señalada con un listón legro en la puerta. Ellos realizan responsos, y en agradecimiento se les ofrece galletas, panes de wawa, ponche y otros.

Dicen que el alma bendita se va al día siguiente, también conocido como despacho de las almas, y por tanto, se debe desarmar la tómbola y entregar las ofrendas a la familia y conocidos, para luego visitarlos en el camposanto. Antes de la pandemia, se acompañaba los responsos en el cementerio con estudiantinas, bandas, mariachis y otros músicos.

Para los creyentes, esta costumbre se practica obligatoriamente durante tres años consecutivos al fallecimiento del ser querido, pero después de ese periodo es opcional. Demanda un gran esfuerzo familiar para mandar a preparar las tantawawas, galletas y otros, pero es una oportunidad para unirlos y fortalecerlos.

Se aferra

René Calsín sostiene que esta es una tradición que se resiste a su extinción, a pesar de la fuerte y cada vez más frecuente presencia de costumbres occidentales como Halloween, que se recuerda cada 31 de octubre. Si bien trata de imponerse, el carácter andino, qolla altiplánico siempre ha demostrado su supremacía sobre cualquier otra cultura.

Fuente: Los Andes

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