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Agosto 20, 2019
Cultural

Las pinturas de Víctor Hugo Rebolledo

Escribe: Walter Paz Quispe Santos/Mauro Sucapuca Cutipa

Hace mucho tiempo un peregrino ataviado de muchos sueños y unos pinceles bajo el brazo había decidido acampar en tierras juliaqueñas, dejando atrás su natal Catacaos. Había en él la necesidad de trasuntar en sus cuadros las emociones melancólicas y solitarias de seres compaginados en lo cotidiano y sus sinsabores de la experiencia vivida. Un propósito que ahora vemos en los cuadros de Víctor Hugo Rebolledo Herrera. No sólo fui testigo de muchas exposiciones individuales de este genial artista sino también pudimos compartir clases en la Escuela de Arte de Juliaca donde nos encontrábamos dedicados a las labores de apreciación, valoración y crítica de objetos culturales, y él como es parte de su singularidad está entregado al fuego creador de la pintura, de la imaginación o la mimesis. Víctor Hugo es un auténtico creador. Un demiurgo que con su vocación de deicida le insufla vitalidad a estos seres abandonados, los humillados y ofendidos de la tierra para verlos caminar en perspectiva y armonía en sus trazos a carbón y también en sus óleos.

La Escuela de Arte de Juliaca con motivo de sus 51 años de existencia ha organizado una exposición de homenaje al Maestro Víctor Hugo Rebolledo, denominado “Realidades y Fantasías” donde se muestran estos cuadros únicos en el altiplano. Si revisamos la tradición de la pintura puneña, los motivos o pretextos que son parte de la temática tienen que ver más con la naturaleza altiplánica, sus seres muy propios con atuendos andinos, y su propia cosmovisión. Las pinturas de Víctor Hugo Rebolledo salen de esa pequeña atmósfera muy citadina y se atreve a atrapar a otros seres más salidos del polvo de la sequía, famélicos, escuálidos, como si fuera un mural existencial. No necesariamente personajes andinos, sino más ligados a la experiencia ribereña del autor. Es que el artista propone una pintura migrante, una estética del sujeto heterogéneo.

Las veces que me quede platicando con el Maestro me confesaba de su paso por la Escuela de Arte de Lima, sus encuentros con grandes maestros de la pintura que le apoyaron de la formación de un estilo diferente y sus reflexiones intelectuales. Víctor Hugo siempre contribuye a nuestra reflexión estética. Ya que la Filosofía del arte no sólo lo piensan los filósofos sino esencialmente los artistas. La suya es una propuesta vital que combina con maestría los colores claros y oscuros, y hace que las figuraciones y las abstracciones tengan un sentido en su plástica. Será por su opción ideológica y estética que ha elegido esos personajes hombres y mujeres de un momento histórico determinado, la mayoría de una clase social baja con sus propios sueños y vivencias costeñas y rara vez altiplánicas.

Hay una vigorosa corriente cultural detrás de las pinturas de Víctor Hugo Rebolledo, un indigenismo pictórico inaugurado por Sabogal, y a veces Carlos Quispe Azín por la vitalidad del color y la anemia cromática de sus cuadros. Tal vez hay otros artistas que han contribuido decisivamente en la plástica del artista. Lo verdaderamente importante es que no representa como fotografías o cuadros clásicos bajo la influencia matemática de Pitágoras a los seres que muestra sino al estilo de Guayasamin los convierte en personajes tililantes, inofensivos y broncos. Ese dinamismo de sus cuadros es tal vez una energía sucesiva que se puede apreciar en sus cuadros que a través de las diferentes exposiciones he podido constatar y no han salido de ese esquema estético.

Finalmente, Víctor Hugo Rebolledo es un gran innovador de la plástica peruana, un ferviente defensor de la clase postergada y marginada. Más importante aún porque se vino desde el sólido norte hasta el sur para expresarlo en los andes altiplánicos, específicamente a Juliaca. Así el artista es un contrapeso necesario para un debate sobre la plástica en Puno con su visión más peruana e integral de la estética. Larga vida para las pinturas de Víctor Hugo Rebolledo.

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