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mayo 18, 2021
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Las chullpas de Ácora

Desgraciados acontecimientos en que los cristianos solo buscaban oro y plata, con demencial desesperación, quebrantaron la paz de los difuntos que gozaban de sus tesoros en sus tumbas. Lo revolvieron todo, arrancaron y saquearon los metales preciosos de las chullpas o viviendas primigenias de Ácora hasta dejarlos en ruinas.

Después de Sillustani y Cutimbo, Ácora es la localidad que posee las chullpas más notables del altiplano puneño, ello ha llamado quizá la atención de un número de investigadores importantes, entre los que destacan Squier (1877), Wiener (1880), Emilio Vásquez (1937 y 1959), Horacio Urteaga (1910), Max Uhle (1910), Marion H. Tschopik (1946), John Hyslop (1984); excavaciones del proyecto Qhapaq Ñan, dirigida por la Lic. Gloria Veles Villa (200), Camilo H. Sánchez Serruto, y otros viajeros. Sin embargo, incluyendo al mismo Posnanski, quien con mayor interés por la pre historia americana, aparte de recorrer las principales construcciones de esta alta planicie y visitar los chullperios de Sillustani, Conima y Ácora[1], no han dado luces claras acerca de estos monumentos. Es decir, no se ha tenido historiadores y arqueólogos que hayan aportado con verdadera abnegación de estudios a estas chullpas de Ácora, que en números es mayor que el resto del altiplano, tal como lo demuestra la Revista Española de Antropología Americana (2002: 36)[2].

A saber, existen en Ácora un número indeterminado de estas chullpas que están diseminadas en el amplio territorio de su jurisdicción.

Iniciando por su zona media, están las Chullpas de: Q’illuxani, Yunguyo Ch’amakuta, Ch’usa Marka, Castilla Phuju en Yanamuri. Chullpas circulares de apacheta en Chamchilla, Chullpa de K’añamani, Chullpa de phaqa kachi y qaqa punku en K’uchu Isqiña, kira amaya awicha y qullini en Marka Isqiña, chullpas de amaya parki en Anccacca, Chullpa de qallapi, Chullpas de calvario y ch’usiqani en Ccapalla, wantakachi, jach’a kachi, thiraqa, Chullpa de Qäqä, chullpas y momias de isk’a uta o pusi iskina en Chancachi, Rinconada, Sankuta, ch’ixtu amaya, winqalla parki, ch’usa marka; las de chunchulaya, y, además de otra cantidad que zona lago ofrece, comenzando desde las desaparecidas chullpas en Socca, chullpas de Kumpapata, las de Isla Iskat’a (awki pata), Qupamaya, Qaqinqura, jaqhiuyu (jiniri Jayu jayu) Chawllakamani, Jilamayku y otros que enlazan con el distrito de Pilcuyo.

La zona alta, igualmente ofrece una cantidad de chullpas entre las que pudimos constatar in situ. Eestán las de qalala, wirintani, Molino sector 2, kajantia (esta última tal vez sea la chullpa más grande, 7 a 8 m. de alto aproximadamente). Según Gregorio Salinas[3], en las pampas de Molino había tres grandes chullpas a las que los mistis mandaron a destrozar con los naturales para convertirlos en pampa de la propiedad de la empresa Río Grande. Tenemos también las chullpas de janqu jaqhi, walsawi, kachi kachini y champilla awicha en Sacuyo, chullpas de taypisirka y qala katu, Ullakachi, jach’akachi (jach’a qullu), chullpas de wilalaya en Quelca y wankar tinkiwi en Totorani mas otras que aún faltan identificar y catalogarlos.

La más misteriosa y enigmática de estas, son las chullpas subterráneas de Ch’unch’ulaya, que según especialistas tienen un parecido a los de Viscachani pukara[4].

En la presente, como avance de nuestras investigaciones, comenzaremos por la principal y la que mayor atención recibió. Nos referimos a las chullpas Mallku Amaya de Mollocco, mal llamadas qacha qacha.

Está ubicado en la localidad de Mollocco, 4.00km al sur de la ciudad de Ácora, Puno. Son quizá los otros monumentos históricos más sobresalientes de la jurisdicción. Su nombre se debe a que los mismos jefes del clan hacían de sacerdotes; por eso, cuando morían se les rendía culto, y ahí están sus sepulcros. De ahí que, Mallku amaya es la tumba del jefe, del curaca legendario, aunque algunos sostienen que allí estuvo la ciudad prehispánica de la jurisdicción[5].

Desgraciados acontecimientos en que los cristianos solo buscaban oro y plata, con demencial desesperación, quebrantaron la paz de los difuntos que gozaban de sus tesoros en sus tumbas. Lo revolvieron todo, arrancaron y saquearon los metales preciosos de las chullpas o viviendas primigenias de Ácora hasta dejarlos en ruinas. Desde entonces, ningún mallku difunto más llegó a parar en las chullpas, más bien fueron llevados a otros lugares como las cuevas de Molino Chilacachi.

Se encuentran emplazadas en las laderas del cerro del mismo nombre y consta de diez chullpas de la época prehispánica, con sus más de veinte cistas subterráneas halladas en una ladera de terreno rocoso. Su importancia fue mencionada en la literatura arqueológica a grandes rasgos, por G. E. Squier (1877), Max Uhle, el Doctor Horacio Urteaga (1910), Emilio Vásquez (1937), Marion H. Tschopik (1946) en el documento “Some Notes on the Archaeology of the Departament of Puno Perú”, John Hyslop (1984) en su publicación “The Inca Road System”, y otros especialistas del desaparecido INC que ejecutaron la labor de su puesta en valor. Todos ellos sin darnos luces esclarecedoras de este milenario asiento histórico como vengo diciendo.

Hacia 1937, según Emilio Vásquez (1937:54), existían en pie “siete chullpas de dimensiones notables y huellas de algo más de veinte construcciones destruidas” el mismo que también fue ilustrado al carboncillo por el joven pintor acoreño José Moisés Aguilar[6].

Igualmente, al otro lado del dorso, había otras cinco chullpas de regulares dimensiones, de una factura mucho más primigenia y de un material también más ordinario, según el mismo autor.

Estas chullpas de mallku amaya, son de forma cuadrangular y cilíndrica. La estructura es un material basalto duro y compacto que se conoce como piedra caliza (qatawi qala). Las paredes: unas llevan tallados de pumas, y otras serpientes, lo que probaría que son construcciones pukinas, dado que estos adoraban pumas y serpientes[7].

Emilio Vásquez nos dice que son construcciones post Tiwanacotas[8]; otros, como el doctor Horacio Urteaga y Marion H. Tschopik, asignan a los incas, y Camilo H. Sánchez Serruto, afirma que los Tiwanacos y Lupacas, ambas coexistieron armónicamente en ella[9] y sería que data del año 1300 d. C., más o menos, según fuentes del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Puno[10]. Por lo mismo que llamó la atención para su esclarecimiento.

Por otro lado, los análisis a los esqueletos hallados, tanto de hombres como de mujeres maduras y niños, habría conducido a afirmar que “gozaban de una excelente salud, los hombres eran de una estatura ‘alta’ con respecto a la incaica u otras zonas del centro del Perú, y, reflejarían una excelente nutrición de la que gozaban, así como una perfecta dentición sin caries ni otros elementos deformes”[11].

Hacia el año 2003, aparentemente, se ha dado su puesta en valor al ser declarado Patrimonio Cultural de la Nación mediante R.D.N. Nº 296-INC-2003, por el Instituto Nacional de Cultura de entonces. Institución que también ha iniciado la labor de su recuperación, restauración y la adecuación para el servicio turístico. Sin embargo, en la actualidad lamentamos decir que sigue sin cuidado ni vigilancia alguna; al libre albedrío, tanto de personas y animales. Tanto, que algunas piedras están siendo desaparecidas, gracias a la obra destructora de los malos hijos y vecinos que sin respeto a su importancia histórica roban piedras para destinarlas a otras construcciones.

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