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Junio 17, 2019
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Alasitas: La historia de sueños y fantasías del altiplano

Arty Gómez / Mariely Loaiza

Hoy 03 de mayo, miles de creyentes, entre puneños y visitantes nacionales y extranjeros, se dan cita al Santuario de la Cruz del barrio Bellavista, cuyo trayecto de llegada se encuentra adornado con “deseos” y “aspiraciones” materializados en miniaturas.

CRUCES DEL 03 DE MAYO

En el calendario inca, que estaba determinado a partir de la observación del sol y la luna, se establecía la fiesta del Aymoray Quilla (en la lengua puquina ‘Aymuray Quilla’), que significa “Luna de la cosecha”, la cual se representaba en el mes de mayo.

Así lo confirma el historiador puneño René Calsín Ancco, quien precisa además que en ella nuestros antepasados agradecían, en lo alto de los Apus tutelares, el recojo de los cultivos, la productividad y la abundancia de sus tierras.

“El 03 de mayo era el día en el que la población agradecía al Achachila (Apu) la buena producción durante el tiempo de lluvias y se pedía que empiece la temporada de heladas, para producir el chuño; esto lo acompañaban por el siku o sikuris, que tiene un simbolismo peculiar para que las lluvias se vayan”, acota de su parte el promotor cultural César Suaña.

Con la llegada de los españoles, y en su afán de seguir adoctrinando católicamente a los pobladores del altiplano, impusieron cruces de madera en las apachetas de los Apus o cerros más significativos de la tradición indígena, reemplazando así la fiesta del Aymoray Quilla por la fiesta de las Cruces del 03 de Mayo.

CRUZ DE BELLAVISTA

El santuario de la Santísima Cruz del barrio Bellavista se remonta a la celebración de la Cruz del cerro Machallata, que data de fines del siglo XIX. Así lo indica el folclorista José Flores Ordoñez; el lugar, agrega, sería conocido como el “Calvario Chico”, en relación al cerro Azoguini (Calvario Grande).

FERIA DE LAS ALASITAS

El investigador Juan Carlos de la Serna Salcedo, en su libro “Dioses y mercados de la fortuna: Recorridos históricos del ekeko y las alasitas en el altiplano puneño”, señala que el término “alasitas” (“cómprame”, en una traducción cercana del aymara al español) se usa para referirse a estos espacios de intercambio ritual.

Para René Rodríguez, la feria fue establecida en tiempos ancestrales. Los puqina la conocían como “Q’ato”, en la cual realizaban el comercio de distintos productos, entre ellos las figuras en miniaturas que son fuente de las illas y mollos (figuras de piedra de alpacas, vacas, casas, ovejas, chozas, entre otras).

Esto lo refrenda también César Suaña, añadiendo que en estas fiestas religiosas los comerciantes de miniaturas (nacionales y extranjeros), para tener más ventas, utilizaban a viva voz la palabra “alasita” o “cómprame”, ante los peregrinos que iban a la Cruz del Calvario Chico.

Entre 1930 y 1940, la Feria de las Alasitas, conocida previamente como la Feria de la Cruz, Feria de Miniaturas o simplemente como una parte más de la festividad del 03 de mayo en el Calvario Chico (hoy conocido como Santísima Cruz de Bellavista), alcanzó el reconocimiento de la sociedad puneña, de acuerdo a lo expuesto por La Serna Salcedo en su libro.

Con el paso del tiempo y la modernización, los comerciantes y los creyentes fueron adoptando nuevas costumbres, y lo que antes eran figuras de barro se convirtieron en una infinidad de productos en miniatura que representan diferentes ideales de la gente.

Para que se declare a la “Feria de las Alasitas” como Patrimonio Cultural de la Nación, se tuvo que hacer una solicitud acompañada de un expediente con la información sobre la expresión, explicó Sergio Medina Ticona, responsable de Registro de Patrimonio Cultural de Puno.

Tras ello, todo ocurrió como estaba previsto, dado el carácter y significado de esta costumbre ya ancestral del altiplano puneño.

EL EKEKO

El Ekeko es el personaje central de la Feria de las Alasitas desde 1950, de acuerdo al intelectual Enrique Cuentas, quien explicaba además que era de los productos más adquiridos el 03 de mayo, considerando su “poder” e “influencia”.

Según René Calsin, el término “Ekeko” viene de dos voces puqina, las cuales significan “padre” y “ku”. A “Este padre” hoy lo conocemos como Ekeko, palabra que fue recogida por el quechua y el aymara.

Mucho antes, Felipe Huamán Poma de Ayala refería que el “Ekeko” pertenecía a un subgrupo inca, el cual lo consideraba como una divinidad andina ligada a los puqinas y al mes de mayo, representando a la vez la abundancia.

De su parte, César Suaña menciona que entre los dioses andinos, el Ekeko debe ser entendido como un ser ambiguo o tramposo: bueno o malo, según las circunstancias. “Mientras se lo atienda, le gratificará a uno de diversas formas; de no hacerlo así, lo castigará. Esto ha hecho que la gente crea que es malo tenerlo en casa”, finaliza.

Fuente: Los Andes

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