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julio 27, 2021
Candelaria

No todo es cuestión de fe en la fiesta de la Candelaria

Tres oficios indispensables que visten a 75 mil danzarines. Un bordador, dibujante y zapatero, que dependen de esta fiesta para vivir.

Por: Liubomir Fernández.

La fiesta de la Virgen de la Candelaria no solo es fe. En ella tienen una   participación clave bordadores, careteros y zapateros. Visten a los más de   75 mil danzarines que bailan en honor a la “Mamacha”   por los milagros concedidos. Son   tres empresas bordadoras que confeccionan los trajes.   Bordados San Antonio   es la más reconocida. Se trata de una   empresa familiar con 31 años. Fabrica los trajes de La Diablada, Morenada, Saya, Achachis, Rey Morenos. Trabajan los seis miembros de la   familia Nahuincha   confeccionando los vistosos vestidos. Bordan figuras que hacen referencia a las culturas preíncas e inca. Edwin Nahuincha, el segundo de los hermanos, las diseña y borda en alto relieve. En el taller se trabaja día y noche, 16 de las 24 horas, la mayor parte del año. Los bordados se hacen a mano con una serie de artículos de bisutería en pedrería.

“El bordado es un proceso. Los conjuntos que danzan son exigentes y buscan distinguirse con modelos originales”, dice Edwin Nahuincha, que aprendió de las técnicas de su padre Simón Nahuincha. Hacer uno de estos vestidos demora una semana. Los pedidos se atienden con casi un año de anticipación.

ARTE EN LA SANGRE

Juan Carlos Arce Mamani hace las máscaras. A los dos años su madre sabía que se dedicaría a este oficio. Le gustaba dibujar todo lo que veía y admiraba. Juan Carlos tiene 31 años. Es uno de las jóvenes promesas. Tiene su taller ubicado en el cuarto piso de una vivienda entre la Av. Floral y Costanera, cercana a las orillas del Titicaca. Trabaja el rostro de un centauro, figura de la mitología griega. Juan Carlos asegura que “es factible vivir del arte”. Admite que su vocación no necesariamente la empuja la fe en la Virgen, sino una necesidad de crear.

Miguel Artilla Flores fabrica botas y botines. En cada edición entrega por lo menos mil pares de ese calzado. Él asegura que nunca bailó en la Candelaria, pero que la mejor forma de ser parte de la fiesta es presentando buenos productos.

La herencia proviene del padre.   “Yo no soy creyente, pero este movimiento que se da en torno a la fe a la Virgen, me permite tener ingresos para mantener a mi familia. Ahora, si tener trabajo es obra de la Virgen, se lo agradezco. Pero mi compromiso va con el legado de mi padre”, asegura.

La   fiesta en honor   a la Virgen de la Candelaria, alcanzará su máxima expresión el 10 y 11 de febrero, con el concurso y la gran parada de veneración de los conjuntos de trajes de luces. Para los bordadores, careteros, entre otros, su mayor gozo será que el público se deleite con sus trabajos.

Ahí, cada uno verá reflejado su mayor esfuerzo, compromiso con su familia, su cultura y su arte.   No todo es cuestión de fe.

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