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Noviembre 20, 2019
Cultural

La luz de un pintor aymara

Al parecer en el bolsillo de un poeta nunca falta un verso, es similar el caso de un pintor, nunca falta un color ni una ilustración mágica. Hernán Gil Mamani debido a su lenguaje pictórico y visión del mundo es considerado como el más importante pintor aymara que transcurrió su infancia en la parcialidad de Jorata, distrito y provincia de Huancané.

“La pintura es tan añeja como el origen del hombre. Vale la pena conocer algunas ideas históricas, que actualmente se gozan, para que las innegables posibilidades de la pintura brillen en todo su esplendor”, nos dice el artista plástico huancaneño.

Hernán Gil Mamani sobresale más en el arte costumbrista y figurativo, tradicional y experimental, además de las habilidades técnicas y destrezas que posee, expresa una extraña fuerza humana destinada a pintar el espíritu y la mirada del poblador andino, su pintura es apreciado porque ha evolucionado dentro de los cánones estéticos, todo fluye, imaginación, abstracción, mensaje, lo subjetivo y subconsciente.

Su pintura está adscrita mediante tonos, líneas y colores que hace fluir la belleza de la naturaleza, lo inusual se luce absolutamente inconfundible por lo que el juego decorativo es clave y fruto de las cosas, opinar de sus cuadros, es cada vez más dinámico y con multitudes de respuestas que a lo largo de los días van reafirmándose y afinándose.

Sus cuadros pictóricos significan: una geometría intuitiva e imbuida de laboriosidad que se va radicalizando conforme al desarrollo de los colores que, además, se debe, al campo maravilloso, donde aparecen personas realizando actividades habituales, es decir, consigue que la mágica realidad se convierta en un hecho cotidiano, en una realidad y verdad que va más allá del común denominador.

Fuente: Los Andes

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