La crisis en la Federación Regional de Folklore de Puno vuelve a poner en debate uno de los temas más sensibles para la cultura puneña: la legitimidad de la institución que conduce la organización de la Festividad de la Virgen de la Candelaria.
Esta vez, las voces de preocupación provienen desde dentro. Los presidentes Marco Antonio Alejo Chambilla, de Sicuris Lacustre de Puno, y Edwin Martín Bohórquez Barriga, de Rey Caporal Independencia, advirtieron públicamente que en la federación “no hay democracia” y que “todo se ha politizado”, según declaraciones difundidas por Radio Onda Azul.
No se trata de una crítica menor. Cuando los propios representantes de conjuntos señalan que las decisiones no reflejan el sentir de las bases, lo que se pone en cuestión no es solo una gestión, sino la confianza sobre la que debe sostenerse una festividad que pertenece al corazón espiritual, devocional y cultural de Puno.
Democracia interna bajo cuestionamiento
Uno de los puntos más delicados es la supuesta falta de representación auténtica en los procesos de decisión. Según lo expresado por los dirigentes, aunque existen asambleas y votaciones, muchos delegados no consultarían previamente con sus conjuntos antes de emitir su voto.
Ese detalle cambia todo. Porque la democracia no consiste únicamente en levantar la mano en una sala. En una institución que representa a cientos de danzarines, músicos y familias, la democracia debe nacer desde las bases, escuchar a los conjuntos y traducir esa voz en decisiones legítimas.
En el mundo del folclore puneño, cada conjunto no es una simple organización administrativa. Es memoria viva, promesa, barrio, familia y devoción. Por eso, cuando una base siente que no está siendo escuchada, la herida no es burocrática: es cultural.
Jurados, puntajes y dudas sobre la transparencia
Otro aspecto que agrava la crisis en la Federación Regional de Folklore de Puno son los cuestionamientos al proceso de calificación de los concursos. Bohórquez Barriga observó presuntas deficiencias en la designación de jurados y en la publicación de puntajes, asuntos que habrían generado malestar entre los conjuntos participantes.
En una festividad donde cada agrupación invierte meses de ensayo, recursos económicos y una inmensa carga emocional, la transparencia en la evaluación no es opcional. Es una obligación moral e institucional.
Cada puntaje anunciado no solo define una ubicación en la tabla. También impacta en el orgullo de un barrio, en el esfuerzo de los danzarines y en la percepción de justicia que rodea a la fiesta. Cuando ese proceso pierde claridad, la sospecha comienza a nublar lo que debería ser celebración.
Rendición de cuentas: la demanda que no puede seguir postergándose
Los dirigentes también señalaron que, antes de distribuir dividendos a los conjuntos, debió presentarse un informe económico detallado sobre los ingresos y egresos de la festividad, especialmente respecto a los recursos provenientes de la venta de entradas.
Este punto es central. La Festividad de la Virgen de la Candelaria no solo moviliza fe y tradición; también genera una importante dinámica económica. Por ello, toda institución que la administra debe responder con reglas claras, documentación verificable y mecanismos de control que fortalezcan la confianza.
Más aún cuando la festividad ostenta reconocimiento internacional. La UNESCO recuerda que esta celebración reúne dimensiones religiosas, festivas y culturales profundamente arraigadas en la cosmovisión andina. Esa dimensión patrimonial exige responsabilidad institucional a la altura de su valor simbólico.
Una festividad patrimonial necesita instituciones fuertes
La Virgen de la Candelaria no es solo un calendario de concursos. Es una expresión de fe que une al pueblo, una ofrenda danzada que atraviesa generaciones y una manifestación cultural que sitúa a Puno ante el mundo. La UNESCO inscribió esta festividad en 2014 precisamente por su riqueza simbólica, su continuidad histórica y su arraigo comunitario.
Por eso, cualquier señal de debilitamiento institucional debe ser atendida con seriedad. No basta con defender la grandeza de la Candelaria en discursos públicos si internamente persisten dudas sobre representación, fiscalización y transparencia.
Defender el patrimonio también significa cuidar la forma en que se organiza.
Reformar para preservar
Los presidentes de conjuntos hicieron un llamado a reformar el estatuto de la federación, fortalecer los mecanismos de control y garantizar procesos electorales más participativos.
Ese pedido merece ser escuchado. La solución no pasa por el enfrentamiento estéril ni por la politización de la fe. Pasa por construir consensos, abrir la información, transparentar procedimientos y devolver protagonismo a las bases.
Voz Vive Candelaria
Desde Vive Candelaria, y tomando como referencia la información difundida por Radio Onda Azul, consideramos importante que los cuestionamientos expresados por representantes de conjuntos sean atendidos mediante el diálogo y la transparencia.
La Festividad de la Virgen de la Candelaria es una expresión cultural y devocional que pertenece a todo el pueblo puneño, por lo que su organización debe fortalecerse sobre principios de participación, claridad en los procesos y rendición de cuentas.
En ese sentido, toda observación o preocupación representa también una oportunidad para mejorar, consolidar la institucionalidad y reforzar la confianza entre la federación y sus bases.
Creemos firmemente que el camino es el consenso, la apertura y la gestión responsable, siempre en favor del fortalecimiento de nuestra festividad como patrimonio vivo del Perú.






