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Octubre 22, 2020
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Aymara, lengua secreta de los incas

Las culturas se traslucen en usos y costumbres, comportamientos y formas de vida, y la mejor forma de identificación de un grupo cultural es el idioma, siendo nuestra patria un conglomerado de culturas que tienen orígenes precolombinos, hasta la conformación del gran imperio Inca, la violenta incursión española y las diferentes formas de catequización donde se incidió en el “olvido” de la lengua materna ancestral, pero nunca lograron ese objetivo, una labor encomiable fue realizada por Ludovico Vertonio en la ciudad de Juli, quien lejos de ir contra la corriente extirpadora de la época al prohibir que se hable el aimará, emprendió un sistema de codificación de esta lengua, con la idea de que con su idioma se evangelizara mejor y se extirpara las idolatrías de la zona, pero hoy representa el mejor legado del vocabulario de la lengua aimara existente.

Actualmente nuestra patria, según el informe Aportes para un enfoque intercultural del Indepa, es “heterogénea, pluricultural, multiétnica, con 72 grupos etnolingüísticos, 65 en el área amazónica y 7 en el área andina, agrupados en 16 familias lingüísticas diferentes, incluidas los Quechuas y los Aymaras. Además de una Población total: 32% (8 770 736 habitantes), ocupa el 30,5% del territorio nacional, 6065 comunidades campesinas reconocidas oficialmente (5038 tituladas), más del 70% de comunidades campesinas aproximadamente concentradas en la Sierra Centro-Sur con 02 familias lingüísticas predominantes: quechua y aymara”. Lo que demuestra que la realidad unitaria es completamente lírica y ahora es cuando las identidades étnicas tendrán que ser valoradas en su real dimensión, que lamentablemente en las políticas internas no se operativizan, pese a que existen normas basadas en la Constitución Política del año 1993 y los diferentes convenios internacionales en donde nuestra patria es dignataria.

La celebración de la independencia nacional es un acontecimiento importante en el continente Andino, tres siglos de ignominia hispana llega a su fin (en teoría) la llegada de San Martín causa estragos en las huestes realistas, por la distancia y la falta de un sistema de comunicación en todo el imperio del virreinato del Perú, las noticias se ralentizan y obran documentos que dan a conocer en qué momento se proclama la independencia en Puno, el manuscrito señala que la proclama de la independencia en Puno fue realizada el 27 de diciembre del año 1824, tres días después se hace la jura de la independencia en la otrora plaza de armas de Puno, siendo expulsadas las huestes del virrey La Serna, quedando en los anales de la historia andina la batalla de Chua Chua (Zepita). Donde aymaras envalentonados por el significado de la independencia se suman a las escasas tropas de Santa Cruz, logrando derrotar a los realistas.

Desde la expansión del imperio Inca, los pobladores aymaras nunca pudieron ser completamente sojuzgados, es más, el Emperador pactó con los nativos aymaras para que continúen con sus usos y costumbres, pero que sean parte del imperio, esa forma de convenio hizo que la lengua nativa de la zona subsista hasta la actualidad; es más, se conoce por parte de cronistas que el señorial Inca en determinadas épocas del año visitó el altiplano collavino y tuvo varios lugares donde se instaló para rendir culto a su Padre, al parecer el Titicaca fue una de las vibras que lo hacían reaccionar, tal vez recordando el origen del primer Inca (Manco Cápac) quien luego de una tormenta dentro del Titicaca emergió con una luz resplandeciente la pareja mítica con la finalidad de culturizar a la población andina, era el hijo del Sol, emperador natural que prolijamente supo dominar el extenso territorio Inca, que su población súbdita nunca sufrió hambre y los tambos fueron establecimientos repositorios de alimentos para épocas de estiaje.

Ahora bien, la lengua aymara está en proceso de irradiación en todos los rincones de nuestra patria, es el aporte más importante al erario cultural nacional, existe una tesis que señala: “Como se ha señalado, la idea de que el aymara pudo haber sido la lengua de los primeros incas es de antigua data. En efecto, así lo sostenían, entre otros, David Forbes (1870), Middendorf ([1891] 1959); Uhle (1969 [1910]), y, en tiempos más recientes, Alfredo Torero (1994, 1998). Conviene preguntarse entonces sobre el tipo de fundamentos esgrimidos por tales estudiosos en favor de la tesis sostenida. Al respecto, podemos señalar que han sido tres las clases de evidencias principales conducentes a ella: a) onomástica, b) documental, y c) lingüística propiamente dicha. Por la primera se ha sostenido que la toponimia de los Andes centro-sureños acusa una profunda raigambre aimara que no puede explicarse únicamente a partir de la simple presencia de mitimaes altiplánicos. En virtud del segundo tipo de evidencias, se ha señalado que la documentación colonial, especialmente la del siglo XVI, testimonia la vigencia del aimara, alternando con el quechua, en territorios localizados al noroeste del Cuzco, hoy completamente quechuizados. Finalmente, según la evidencia propiamente lingüística, la presencia actual del aimara central, en la provincia limeña de Yauyos, y cuya procedencia mitimaica no admite justificación alguna, constituye la mejor prueba del carácter nativo centroandino de la lengua.” Cerrón, Rodolfo. El Aimara Como lengua Oficial de los Incas.

Añade Cerrón Palomino “(…) Jiménez de la Espada ([1881-1897] 1965), dan cuenta de la presencia del aimara, alternando con el quechua en calidad de lengua cada vez más predominante, en toda la jurisdicción del obispado del Cuzco, que por entonces comprendía Huamanga por el noroeste. En tal sentido, nada más exacto que la observación hecha por el clérigo Balthazar Ramírez, a fines del siglo XVI, cuando señala que «la lengua aymará es la más general de todas, y corre desde Guamanga, principio del obispado del Cuzco, hasta casi Chile o Tucumán» (cf. Ramírez [1597] 1906: 297), otorgándole incluso su primacía como «lengua general» sobre el quechua (…)”. Por lo que el aporte más importante de las culturas asentadas en las riberas del lago Titicaca pudo ser la Lengua, esa lengua que hasta ahora se habla en nuestras comunidades campesinas con bastante displicencia, aunque lamentablemente por las políticas educativas nacionales en varias décadas trató de uniformizar al castellano, no logrando este segundo cometido de desaparecer esta ancestral lengua.

Históricamente, el poblador aymara fue trashumante, emprendedor, luchador y sobre todo leal en sus principios, en los caminos rurales un ciudadano cualquiera puede experimentar la sensación de empatía con estos pobladores originarios, cada persona que se cruza es un “tío” o “hermano”; el saludo es importante, tanto como la respuesta, hasta la fecha no existe un estudio pormenorizado sobre el comportamiento en sociedad de nuestros antepasados aymaras, pero el apoyo mutuo es una forma de emprender nuevos retos, uno de los excepcionales ejemplos es la conquista del centro comercial más importante de Lima a manos de pobladores aymaras, nuestros congéneres salieron de Puno para laborar como pudieron y el comercio informal fue algo que les hizo explotar económicamente, se cargaron mercaderías como “ekekos” y emprendieron su negocio propio, para luego posicionarse como los empresarios más exitosos, tal es así que hoy en la capital nacional un aniversario institucional aymara es celebrado al ritmo de estruendosas bandas de músicos y trajes multicolores, son los embajadores de la cultura puneña; el aymara es una raza que tiene orígenes que se pierden en la penumbra andina y que hoy subsisten pese a la ignominia al que fueron encausados. Feliz Día Perú, desde el origen del imperio inca.

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