Qhapaq raymi en el qolla suyu

En los ayllus del altiplano, la tradición milenaria desde Tiwanaku de habla puquina, y el Qolla Suyu de habla, uro, puquina, aymara y quechua, los hombres (varones y mujeres) se expresan cuando qhachwaspa los machu payakuna jaychan y los wayna sipaskuna pukllan.

En esta época del año, el séptimo mes en el calendario andino, actualmente denominado como pukllay en quechua y anata en aymara, se manifiesta el florecimiento de la chakra en las comunidades, por lo que compartiendo el ajayu o el espíritu o alma de la pachamama la gente también viste con sus trajes más elegantes de diversos colores, coincidentes con las flores multicolores de la naturaleza y que la chakra produce, cantan y danzan así como lo hacen las aves y demás animales del contexto, proceso al que se llama QHACHWA desde tiempos puquinas.

Más de 100 danzas originarias expresan su arte en la capital del departamento de Puno, y nosotros afirmamos la ancestral Qolla Suyu, manifestaciones combinadas entre música, canto y baile, para evidenciar y visibilizar ante el mundo occidental y oriental que los originarios puquinas, uro, aymara y quechua, aún estamos aquí, aún existimos y nos resistimos a desaparecer.

La historia a medias afirma que los comuneros quechuas y aymaras bailan por la “santísima virgen de la candelaria”, mientras que otros intelectuales afirman que esas danzas son por los carnavales; si bien existen algunas coincidencias, ni uno ni lo otro. Nosotros actualmente, si bien vivimos un proceso de permanente aculturación y desarrollo del sincretismo cultural, manifestamos: La fiesta religiosa y espiritual es el motivo mayor los ayllus de la región, algunos católicos y mayoritariamente andinos, hemos construido en el tiempo la festividad en quechua jatun pukllay raymi y en aymara jach’a anata raymi, la gran fiesta de carnaval, definida en Puno en ocasión a la mamacha Candelaria.

El 21 de diciembre se inicia con el QHAPAQ RAYMI, ceremonia espiritual de cambio de autoridades para el periodo siguiente, quienes tendrán la responsabilidad de liderar las fiestas de carnaval y los destinos de su ayllu. En los pueblos quechuas, como KARAQATA (KURAQ KAQ), y en los pueblos aymaras, como JILAQATA, reconocidos por el QHAPAQ QOLLA la pareja de gobierno en el QOLLA SUYU.

El 20 de enero (pukllay – anata) inicia la fiesta de la QHACHWA conocida como Juch’uy pukllay y jisk’a anata, con la ch’alla y el k’intu ancestral, donde con orgullo, alegría, energía, fuerza y fe, las personas mayores o emparejadas renuevan su compromiso de reciprocidad y complementariedad. Y los jóvenes y señoritas se preparan para el ritual de inicio del amor o Yanantin, pues es la época del florecimiento, por lo tanto la época del enamoramiento que concluirá con el matrimonio en el mes de agosto.

El 02 de febrero inicia, en quechua, el jatun pukllay, y en aymara el jach’a anata, donde QHACHWASPA (cantando y bailando) los machu payakuna jaychan y los wayna sipaskuna pukllan, es decir, las personas mayores emparejadas cantan y bailan al mismo tiempo, al son de los toqoros, pinkillu, y otros elementos musicales; los jóvenes y señoritas juegan y buscan pareja.

Por nuestra parte, la tradición evidencia la entrada de QHAPU, que en el idioma puquina significa fuego, la fiesta y ofrenda del fuego, y que coincide con llevar velas en llama a lugares sagrados y que en la ciudad terminó en la iglesia. La autoridad comunal de turno denominada QHAPAQ, hoy alferado o teniente, en una mezcla de tradiciones, mantiene viva la popular entrada de QHAPU antes de iniciar la gran fiesta en Puno. Esta actividad espiritual y ofrenda a la Pachamama se manifiesta en la mayoría de los sectores rurales donde la espiritualidad andina se mantiene viva.

Por lo tanto, afirmo que el Qhapaq Raymi, manifestada generalmente por la QHACHWA, en otros pueblos en la danza de la Q’AQCHA, y otros propios de cada pueblo, muestran la supervivencia de una tradición prehispánica transformada por el cristianismo y la historia oficial republicana, se convierte hoy en la mayor expresión de identidad andina, de la colectividad uro, aymara y quechua de Puno y de la macrorregión sur del país.

Entre tradición ancestral y modernización andina, las danzas originarias expresadas en Puno y que fueron la razón principal para que la Festividad Virgen de la Candelaria fuese declarada como patrimonio de la humanidad, simplemente son excluidas, desestimadas por las autoridades actuales; me refiero al Gobierno Regional y al alcalde provincial de Puno, quienes prefieren invertir, relevar, visibilizar a nivel nacional e internacional la danza de los llamados mestizos, la danza de los mistis, denominado (la octava) o danza de traje de luces. No estamos en contra de ello, pero sí exigimos la debida importancia a la manifestación cultural y espiritual de los originarios del altiplano.

Rechazamos las actitudes de convertir esta festividad en un acto estrictamente cristiano; asimismo, que esta tradición se vea como una actividad con fines de lucro, que generan ganancias solo al capital privado.

Juan Luque Mamani, autoridad regional, e Iván Flores, alcalde de la provincia de Puno, en total desconocimiento de la importancia espiritual de un pueblo, solo se preocupan de realizar obras de fierro y cemento; al parecer reniegan de su cultura y rechazan a los hombres del campo, sin embargo manifestamos que de ser ignorados pasaremos a liderar nosotros mismos los destinos de nuestro pueblo milenario.

Levantemos la WIPHALA y la UNANCHA, como lo hacen siempre nuestros líderes quechuas y aymaras, símbolo ancestral y moderno de identidad, símbolo de la diversidad cultural y lingüística; definamos la CHAKANA como símbolo sagrado de los pueblos uro, puquina, aymara y quechua, entonces estaremos listos para luchar por la soberanía plurinacional del Estado Peruano.

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