Historia de San Miguel Arcángel de Ilave

Como un joven rubio, alto y elegantemente vestido, se presentó en Ilave, hace muchos años, el arcángel Miguel, para nunca más moverse del lugar. Los pobladores de esta parte de la región, por eso, celebran emotivamente el hecho y agradecen a dios por tan grande bendición. Conozca aquí cómo se dio el milagro.

Tal vez era un día soleado y con brisa suave. Y tal vez había poca gente en la plaza. Como fuera, en Ilave, por aquellos años, la vida era algo monótona pero tranquila. Hasta que aconteció aquello, esa visita inolvidable e increíble que hoy muchos denominan milagro y otros, más confiados, la recuerdan como una bendición.

Dicen que era un hombre alto y rubio, que estaba elegantemente vestido y que en su voz denotaba amabilidad y comprensión; y dicen que, cuando le preguntaron, reveló que provenía del Cusco, que había llegado recientemente y que, tal como miraba todo, al parecer se había enamorado de la ciudad.

En aquellos tiempos, es preciso indicar, todo era difícil. Llegar hasta Ilave, por ejemplo, demandaba un gran esfuerzo económico y físico: se precisaba de dinero para abastecerse de alimentos durante el largo viaje y, del mismo modo, tener la fuerza necesaria para aguantar todo el recorrido.

Y es que son, desde Puno hasta Ilave, alrededor de 52 kilómetros de distancia. Pero el camino, en ese tiempo, era horrible. Había que viajar a pie o a lomo de bestia, soportando las eventuales inclemencias climáticas, así como el natural frío de la sierra.

Pese a todo ello, nuestro viajero llegó a Ilave (en la actual provincia de El Collao), decidiendo quedarse por un tiempo. Así pues, se refugió en la casa cural de la ciudad, ante el beneplácito y aceptación de todos aquellos que lo vieron llegar.

Al poco tiempo, con sus elegantes y finas ropas, decidió recorrer el pueblo y conocer un poco más de sus pobladores. Fue de esta forma, según la memoria colectiva hoy lo patenta, que se dio el milagro. El joven alto y rubio, acaso poseedor de una mirada que descubría el alma, terminó encantado con todo, por lo que resolvió quedarse a vivir.

En Ilave, en general, sus días eran alegres y tranquilos. Nada había que lo distanciara ni lo incomodara. No obstante, un día cualquiera, sin previo aviso y sin que nadie se diera cuenta, desapareció. Así, sin más.

Es por ello que, entre preocupados y alarmados, los pobladores de Ilave comenzaron una rigurosa búsqueda por todo el lugar, preguntando por su paradero y cuestionándose, al mismo tiempo, las razones de su extraña desaparición. ¿Qué habían hecho? ¿Por qué se había ido?

Un tiempo después, milagrosamente, al fin dieron con su paradero. Lo encontraron en la Iglesia “San Miguel” de la ciudad de Ilave. Allí estaba, con su mirada tranquila y benefactora. Y estaba, según se dice, más grande y más hermoso.

Así fue como la Iglesia “San Miguel” recibió a su arcángel, el más bendecido entre los arcángeles y a quien se le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”; el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer; el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores, y los echó del cielo con su espada de fuego.

Era, ese día, un 20 de setiembre. Es por ello que, hasta el día de hoy, cada fecha semejante, año a año, pobladores locales, forasteros y peregrinos lo veneran.

Así, la sagrada imagen de “San Miguel Arcángel”, que se halla en el interior del Templo “San Miguel”, a un costado de la Plaza Principal de la ciudad de Ilave, cada año se ve abarrotada de fieles y devotos que, desde muy lejos, llegan a rendirle pleitesía.

Todo esto, es menester indicar, especialmente para asistir a las novenas en su Honor. Muy temprano, el día 28 de setiembre, los fieles y devotos del Santo Patrono de la ciudad, dan las albas acompañados de zampoñas y sicuris; y ya por la noche, se realiza la Misa de Vísperas, tras la cual se quemarán los castillos y demás juegos artificiales.

Así se da lugar al día central, donde el Patrón de Ilave sale en procesión por las principales calles de la localidad, con el acompañamiento de una numerosa comparsa de danzantes que lucen sus trajes multicolores, celebrando su llegada y estadía en la ciudad.

Danzas como la ‘morenada’, la ‘diablada’ y la ‘waca waca’, así como también los infaltables ‘sikuris’, se hacen presentes en esta festividad, pues es una de las más importantes de la región, no solo por su espectacularidad y encanto, sino por la tradición que encierra.

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