Candelaria en TV Perú

Vive CandelariLa tarde del lunes, a golpe de las cuatro de la tarde, una feroz granizada destrozó el gran desfile de danzas folclóricas de Puno. Sin aviso previo el cielo se rompió y se vino abajo. Fue como si alguien nos rompiera la alas, algunos conjuntos siguieron pero el público ya se había puesto a buen recaudo, entonces los charcos de agua y granizo acumulado se convirtieron en el espejo para danzar hasta las dos de la mañana.

Sin embargo, peor que el granizo perverso, fue la narración de Manolo Castillo y su partener local, una tal Rita, disfrazada de chola. Manolo, tramontador de cerros, tiene un vocabulario muy limitado y no sabe dónde tiene los pies, no conoce las técnicas del investigador periodista, no es un periodista y es muy torpe para estos eventos de identidad. Léase identidad. todo el día se puso en aprietos y puso en aprietos al televidente, en busca de palabras, información, conceptos. En cambio Rita, la puneña, demostró ser una representante cabal de los ejercicios lingüísticos del gran divo mexicano don Mario Moreno. Grandes aportes al diccionario filosófico de la lengua española, de doña Rita. Qué pena, por el canal de todos los peruanos.
Esta fiesta es una hermosa vitrina para las señoritas que vienen de Lima a mostrar sus atributos. Cientos de ellas, hermosos rostro, pecho turgente, talle alzado, piernas torneadas y las nalgas al aire, un festival de colas, se hacen parte de los diversos conjuntos. En verdad, son bellas, de primera, la gran mayoría son de Lima, aunque no faltan las de Trujillo, Cusco, Arequipa, y también del extranjero, una migración de aves de hermoso plumaje que llegan a Puno cada febrero.

Vienen a bailar, a mover el cuerpo, esa función se llama detumesencia, no vienen por la fe a la Virgen, vienen porque el cuerpo las llama desde adentro, no tienen compromiso con nadie, cuando bailan no empatizan con el público, es lo último que les interesa, miran pero no ven. Sonríen porque es parte de la danza, no pueden bailar con su cara de palo y eso también es parte de la dichosa detumesencia. Vienen solas o en collera, bailan y luego se van. Es un fenómeno colectivo, que de a pocos ha crecido y ahora son muchísimas. Los turistas nacionales creen que son de aquí, no falta un tonto que dice, me voy a venir a vivir a Puno.

A quien nunca ha venido ha de costarle creer que estas danzas compiten cada año y cada año los ganadores casi siempre son los mismos: los conjuntos de la Policía Nacional o del Ejército, la competencia es entre ellos, con ascensos al personal responsable. Es una cosa de locos. Puno, capital de la danza latinoamericana, según Arguedas. Y eso no es porque el jurado sea sordo o ciego, aunque tampoco se tenga que descartar estas virtudes, es un jurado manipulado desde la Federación, son los estereotipos y los intereses creados, la repartija lagartija de los que están arriba y de los que quieren estar arriba.

Los jurados califican el número, la cantidad, la bulla, el colorinche. Lo fino, lo singular, lo genuino, no tienen lugar en sus retina, en sus oídos. Son muy ignorantes y manipulados. Están incapacitados para comprender a un conjunto de sicuris que interpreta música de puras disonanacias, una danza, que se desarrolla más en el salto que en el paso a paso, como el de Yunguyo. Los ayarachis de Cuyo Cuyo, los sicuris de Mañazo, jamás tendrán un premio. Esa gente que baila por pasión nunca tendrán un reconocimiento. El Ejército y la Policía, sí, para ellos se hicieron los premios.

Escribe: Omar Aramayo | Opinión

Fuente: Los Andes

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